El paisaje ha dado lugar a las visiones más divergentes en nuestra historia del arte. Veamos dos, el primero realizado hacia 1859, y el segundo, obra de 2003.

Germán Burmeister, había nacido en Stralsund (Alemania) en 1807, su formación universitaria incluyó un título en Ciencias Médicas y Naturales y luego un doctorado en Filosofía. A los cincuenta años llegó a la Argentina donde murió, en 1892 con los honores de un sabio. Los trabajos que realizó en todo el país y, en particular en Tucumán, fueron de gran valor para la formación de un campo intelectual que serviría de cuna para sus futuras instituciones. Intervino en el desarrollo en Ciencias Naturales y, aunque con menos evidencia, en el campo artístico y estético.

Su formación que le permitía el uso de la palabra tanto como el recurso de las imágenes, si era necesario, lo llevó a realizar el dibujo coloreado que acompaña esta nota. Se publicó en el nombre de “Vista de las faldas de la sierra de Tucumán”. Entre los escritos descriptivos sobre la provincia, se destacan algunos juicios de gusto.

El más contundente se dirige a la recién construida Catedral de Tucumán. Obra del francés Pierre Delgare Echeverry, llevaba poco tiempo de inaugurada, cuando desató en el alemán la implacable crítica: “todas las proporciones fallan, o se han aplicado tan fuera de lugar que desde un punto de vista artístico, sólo se puede apreciar el conjunto con repugnancia, es una mezcla terrible de todas las formas arquitectónicas donde se codean formas artísticas religiosas con profanas, lo cual se asemeja en su decoración más a un teatro que a una iglesia”. Se mostró seducido por el arte de las randeras: “para hacer las randas se necesita tener mucho gusto artístico y gran habilidad, se usan para adorno de ropa de señoras, cuya elegancia se cuida mucho.”

El paisaje de datos

Más de cien años después, el mundo se modificó radicalmente. Tanto en esa Alemania que vio nacer a Burmeister, como en Argentina, los procesos de modernización dieron lugar a nuevas formas de arte y otros juicios críticos.

También el paisaje ha cambiado con el mundo y la misma definición de paisaje no es la misma. En el año 2000, los Estados Miembros del Consejo de Europa, reunidos en Florencia, redefinían paisaje según criterios como “cualquier parte del territorio tal como la percibe la población, cuyo carácter sea el resultado de la acción y la interacción de factores naturales y/o humanos”, “reconociendo que el paisaje es un elemento importante de la calidad de vida de las poblaciones en todas partes: en los medios urbanos y rurales, en las zonas degradadas y de gran calidad, en los espacios de reconocida belleza excepcional y en los más cotidianos”.

Ya no hay viajeros extasiados sino un planeta sobreexplotado que se intenta proteger.

Hace menos tiempo, como consecuencia de la crisis argentina de 2001, El Ludwig Museum de Colonia, Alemania y el Goethe-Institut de Buenos Aires, convocó a una serie de artistas nacionales para participar del proyecto “Ex Argentina” (2003). Este incluía trabajos visuales y publicaciones de texto. Una de las convocadas, la tucumana Ana Claudia García, participó con un informe, en el que representaba el territorio de la provincia a partir de datos de la explotación agrícola de la misma. Usó relevamientos, encuestas, datos oficiales y fotos satelitales, con los que armó un “paisaje de datos” de ese Tucumán invisible. En esta representación no usó lápices ni pinceles. Sobre la base de informes de otros artistas (“Tucumán Arde”, 1968) y de historiadores locales (Pucci y Lizarraga), dió una idea del abuso y la utilización irrestricta de las tierras provinciales. Leer la obra de García es una experiencia menos agradable que ver las montañas acuareladas de Burmeister. A los largo de las varias páginas de “Paráfrasis de una crisis”, vamos armándonos una imagen menos bucólica, y sumamente crítica, del uso de nuestros bienes naturales.

Es evidente que el paisaje mismo se transformó en gran manera desde los tiempos de Burmeister, pero también es cierto que hay muchas formas de representarlo y de hacerlo visible. La de García es tratarlo como una herencia y una responsabilidad colectiva. Para ella el paisaje no es tanto el encuentro de una belleza dada, sino una búsqueda del bien común.